Reflexiones a cielo abierto

Estando yo conmigo mismo en un momento de profunda reflexión, y con un granizado de limón en una terraza junto a varios árboles y un césped bastante denso, comencé a pensar.

“Qué tranquilo, que bien estoy aquí, los árboles, la naturaleza…”

“Anda que no necesitas tu nada para estar tranquilo” – podría decir
alguien.

Bueno, en realidad no necesito nada, esto es lo que había antes de que llegará el hombre a construir todas las demás cosas, que ponen nervioso.

Pero a lo que voy es a un extraño pensamiento que me asaltó:

¿Cómo puedo estar yo – o cualquiera – tranquilo en la naturaleza? Se supone que el hombre primitivo estaba siempre alerta: de los árboles podría venir cualquier amenaza, algún animal podría asaltarte por cualquier lado… en realidad cualquier humano debería por instinto ponerse de los nervios en plena naturaleza. ¿Hemos perdido el instinto? ¿Es mejor ser comido por un león que aguantar dos horas de Metro?

Decidí comentar a la compañía que tenía en ese momento estas turbadoras cuestiones. Me respondió que usara una gorra, tal vez el sol me había recalentado el cerebro…

…cosa que no descarto en realidad.

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