El Poder Curativo del Perdón

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En mi región cuando una persona se enoja mucho con otra, tenga o no tenga razón, se le dice: “No te hagas mala sangre”. La expresión viene a cuento de entender que la ira, la ansiedad, el rencor, que siente el que se enfada son emociones negativas, que acabarán minando su salud.

Si ese enfado, ese disgusto, con otro se prolonga en el tiempo estamos sembrando nuestra vida diaria de emociones destructivas que son nefastas para nuestra salud. Esta conducta es como si llenáramos el camino que recorremos diariamente para ir de nuestras casas al trabajo, de minas, de trampas, de alimañas. Nos estamos obligando todos los días a pasar por una senda llena de elementos nocivos, de explosiones emocionales, de disgustos, que nos perjudican.

El perdón cura nuestras tormentas emocionales.

Hay personas que no quieren olvidar, que no quieren perdonar, pues entienden que están obligadas a mantener su enfado. Si perdonasen demostrarían a su ofensor y a todos sus conocidos que nunca tuvieron razón, así que hay que sostener esa postura inicial por siempre. En realidad no se dan cuenta de que manteniendo esa perspectiva se hacen daño a sí mismos, cuando su agresor debe vivir tan feliz, habiendo olvidado por completo el incidente que causó la enemistad.

Algo parecido sucede con quien afirma: “Yo perdono pero no olvido”. Creen que de esta manera han sido “buenos chicos” pues han cumplido con el deber moral del perdón, pero no olvidan porque ni quieren, ni deben, ni saben hacerlo. El resultado es el mismo se castigan a sí mismos minuto tras minuto.

Naturalmente que en nuestras vidas somos objeto de ofensas, consciente o inconscientemente,  por parte de otras personas. ¿Pero hemos pensado que con la mejor de las intenciones, nosotros mismos hemos podido ofender, hemos podido molestar a los demás, incluso a nuestros seres más queridos?

Por tanto parece que es consustancial al ser humano disgustar a los demás, por mucho que queramos no podemos evitarlo, pues por eso se inventó el perdón. Para ejercerlo entre nosotros.

El perdón conforma una red social.

Es de esta manera como el perdón se nos presenta como una institución pensada para ser ejercida en colectividad: yo perdono al Sr. X, que me insultó, el Sr. Y me perdona a mí que le agravie y a su vez el Sr Y es perdonado por la Sra. Z, pues fue muy grosero con ella.

 

Así pues el perdón cobra su sentido al establecer una red social de perdón, por mor de la cual, unos a otros nos perdonamos si no recíprocamente, si mutuamente.

Llegados a este punto hemos de preguntarnos qué es eso del perdón, de lo que estamos hablando todo el tiempo. El perdón no es esconder la ofensa, no es excusar el comportamiento, el perdón es una decisión, es una elección.

Yo que he sido ofendido, RENUNCIÓ a mi derecho a hacerte daño, a mi derecho a vengarme de ti. Y lo hago con la esperanza de que yo sea perdonado por los demás cuando los ofenda. Y lo hago sabiendo que es mejor para mi salud, para la tuya y para la de todo el tejido social, de manera que el perdón en sí mismo es una conducta positiva para toda la sociedad.

Cuestión indiferente es si tras el perdón habrá o no reconciliación. Puede que yo mismo actúe con la mejor de mis voluntades pues tras perdonarte estoy dispuesto a volver a entablar una sincera amistad contigo. Pero tú querrás,  o no, que nos reconciliemos, así que esto va a ser secundario. También es posible que yo te haya perdonado, pero no vea que tú vas a cambiar tu comportamiento y no estoy dispuesto a exponerme otra vez a tus injurias.

Cuando he perdonado a alguien es posible que de pronto lo haya olvidado todo, todo el daño que nos hicimos, todo el daño que me hizo, pero también puede suceder que esto no sea así. Habrá existido mi deseo profundo y sincero de perdonar, pero sigo estando en una tormenta emocional cuando vuelvo a ver a esa persona. ¿Quiere esto decir que no he perdonado bien, quiere esto decir que ya perdoné pero todavía no olvidé? Quiere decir, sencillamente,  que hemos de aprender, de reaprender, a tratar con esa persona. Ese camino puede durar más tiempo del que requiere el perdón.

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