Iglesia De San Cristóbal

Al norte de la ciudad, sobre una explanada junto a las ruinas de Colcam-pata, se encuentra la Iglesia y Parroquia de San Cristóbal.

Toda su estructura es de adobe con excepción de la torre que es de piedra. Su creador fue el alarife Diego Quispe Tito y el benefactor el Obispo Molline-do y Angulo.

La imagen de San Cristóbal, de grandes proporciones, es considerada como una obra notable.

La Iglesia fue fundada por el Inca Paullo, hijo de Huayna Cápac, luego de su conversión al cristianismo.

Historia:

En la parte norte del Cuzco y en lugar que domina la ciudad milenaria, se encuentra, – junto a los restos del antiguo palacio de Ccolcapata, atribuido al primer Inca Manco Cápac y al pie de la famosa fortaleza de Sacsayhuaman, a la cual dedica sendos capítulos, el inmortal mestizo Garcilaso Inca de la Vega o Gómez Suarez de Figueroa, – la antigua iglesia de San Cristóbal la primera que se erigió en el Cuzco, según algunos historiadores y en cuya plazoleta, según el mismo Inca Garcilaso, se realizaban ciertas fiestas agrícolas y se entrenaba a los futuros soldados del gran Imperio Incaicos. Estas fiestas se realizaban en las épocas de la recolección y siembra en el Incanato en ellas se encuentran también unas piedras destinadas a los suplicios de los delincuentes.

En este templo de San Cristóbal, en la época de conquista y el año 1543 fue bautizado en una solemne ceremonia el inca Paullo que tomo el nombre de Cristóbal habiendo sido su padrino el comisionado Real Cristóbal Vaca de Castro. En recuerdo a su conversión al cristianismo Paullo Inca fundo la Ermita que hoy lleva su nombre años después ósea 1560, siendo obispo delCuzco Fray Juan Solano fue erigida en Parroquia de indios. Los restos de Paullo inca reposan en el subsuelo del presbiterio. El palacio de Ccolcampata, como hemos dicho ha sido atribuido al fundador del imperio Incaico: Manco Cápac y para otros al sabio y celebre literato Inca Pachacutec. Después de la conquista y en pago a los servicios prestados a los conquistadores, se cedió este palacio a Paullo Inca, especialmente por haber acompañado a Diego de Almagro a Chile y a Gonzalo Pizarro a Vilcabamba.

En esta iglesia fue bautizado Carlos Inca, hijo de Paullo Inca siendo padrino el Virrey Francisco Toledo.

La torre de esta iglesia es de piedra y fue mandada construir por el Obispo “Meceno”. Manuel de Mollinedo y Angulo, cuyo escudo de Armas puede verse  encima de la puerta de entrada al campanario. Se dice que el constructor de esta torre fue el famoso pintor y alarife Indio Diego Quispe Tito, cuyas hermosas pinturas se encuentran en esta Iglesia, en la Merced, en forma de una figura simbólica a la entrada del convento y en el convento de San Francisco, en un grandioso cuadro mural representando el Credo. La firma del mencionado cuadro fue descubierta por el pinto boliviano Cecilio Guzmán de Rojas y puede verse en una torrecilla que figura en la parte izquierda del mismo.

El interior el templo ostenta dorados, trabajos por buenos maestros. Tanto el frontal como el tabernáculo son de plata este último de plata maciza. Existen cuadros dignos de contemplación, pinturas, muchas de las cuales son copias de maestros europeos famosos, sobre todo de Rafael apodado “El Divino”, cuando el auge y el florecimiento de la famosa Escuela Cuzqueña”, cuyo distintivo es el estofado en oro.

La Iglesia de San Cristóbal, lleva el nombre con que fue bautizado el Inca Paullo y esta erigida en el viejo Colcampata. Es untemplo de adobe que presenta una sola torre, cuya arquitectura es casi igual a la de la Iglesia de Santa Clara. Esta obra del alarife indio Marcos Uscamayta, en la época del Obispo Mollinedo y Angulo, ejemplo perenne de obispo ejemplar. Al frente y en el centro de la plazuela se levanta una cruz, también de piedra, con la siguiente inscripción: “En 26 de julio de 1626 se acabó esta obra, siendo Alcalde Don Martin Quispe y Alcalde Mayor Don Fernando Inca. En el interior de la Iglesia pobre y descaecida, hay barandas torneadas, retablos dorados, un hermoso frontal de plata repujada con el escudo de armas del Obispo Mollinedo, altares en mas estado pero de notable y fina talla; cuadros, como la pintura religiosa de un donante que puede ser Pumacahua (tres veces mayordomo de la fiesta de Belén, en esta parroquia), repetidas imágenes del Señor de los Temblores, una bella pintura de la Virgen de Belén, el señor de la Fortaleza, pintado sobre adobe y la Virgen de la Asunción, obra de Lázaro Pardo de Lagos en 1632. Pero más que sus galas artísticas y arquitectónicas hemos querido cerrar el presente estudio, por el recuerdo literario imperecedero que dejó el párroco de la modesta y humilde ermita, en el último cuarto de siglo del XVII; Juan de Espinoza y Medrano; “El Lunarejo”, una de las figuras más prestantes de nuestra literatura colonial.

Estudiante en el Seminario de San Antonio de Abad del Cuzco, y en la Universidad de San Antonio, canónigo tesorero del coro y chantre de la Catedral, autor de discursos y sermones y versos en quechua y en castellano, autos sacramentales, como: El Rapto de Proserpina, y aún, según una razonada opinión, posible redactor de la versión conocida del OLLANTAY, a él se debió también El Apologético a favor de Luis de Góngora y Argote. Príncipe de los poetas líricos de España, publicada por primera vez en Lima en el año de 1662. El Apologético, cierra la polémica culterana, y pone orden y medida donde habían desbordado las barrocas hipérboles de los admiradores culteranos o el vejamen extremo de sus opositores, “El estilo de Don Luis sólo puede ser suyo” – decía El Lunarejo, – como para contener la agria disputa. “Si fue culpa del hipérbaton, descuéntese por sus primores” “A quien mucho acierta no se le ha de abajar la veneración por tropiezos leves”. Destino singular el del milagroso poeta cordobés, amigo del Inca Garcilaso de la Vega, otra de las glorias cuzqueñas, cantor de los incas u las coyas en su poema Las Soledades, de las huertas de Lima en un romancillo y del oro y la plata peruleros en sonetos y en silvas y cuyo elogio más firme y más sereno fue escrito, no en España, sino por un autor de sangre india y en la tierra lejana y para él fabulosa del Perú. Tal la gloria de la Iglesia de San Cristóbal, en cuyo subsuelo del presbiterio descansan los restos del Inca Cristóbal Paullo.