Huacaypata – La Plaza de Armas

Ningún otro lugar del Perú, ni de América, como esta Plaza, ha supervivido a través de los siglos, sirviendo de grandioso escenario a hechos que no tienen paralelo. Cada metro, cada rincón de su piso, de sus muros, de su espacio, están saturados por la más venerable tradición.

Si su antigüedad es de mil años, o mil quinientos o dos mil, nadie lo sabe a ciencia cierta. Según la tradición incaica fue trazada por el fundador, Manco Cápac, para que sirviera como verdadero centro simbólico del Imperio.

Frente a ella construyeron sus palacios imperiales Pachacútec, Sinchi Roca, Huiracocha y Túpac Yupanqui. En esta Plaza estaba también el monasterio de las Vírgenes el Sol, así como el palacio de Huayna Cápac.

Los Incas le llamaban el Huacaypata, que significa llanto o quejido, nombre que se supone tiene su origen en las expresiones de reverencia sumisión y admiración que provocaba para presidir los grandes ceremoniales religiosos o militares que allí tuvieron lugar.

En la época del incario esta plaza abarcaba casi el doble de su tamaño actual y estuvo dividida por el río Huatanay (también llamado Saphi). Se encuentra flanqueada por antiguas y hermosas arquerías de piedra de dos plantas, la imponente Catedral, las iglesias de Sagrados Corazones y del Triunfo y la bella iglesia de La Compañía.

Ha sido escenario de muchos acontecimientos importantes, incluyendo ejecuciones que marcaron el destino del Perú. Fue aquí donde murieron, ejecutados públicamente, entre otros: Túpac Amaru I, el último de los incas rebeldes de Vilcabamba, en 1572; el conquistador rival de Pizarro, Diego de Almagro, en 1538, al igual que su hijo, Diego de Almagro “El Mozo”, en 1542; y Túpac Amaru II, precursor de la independencia de América, en 1781.