Auge de Tumipampa

La sola aproximación del ejército imperial aquietó los ánimos levantiscos en el norte. Hubo apenas un conato de resistencia por parte de un grupo Cañarí, que fue pronto doblegado por la vanguardia incaica. Las naciones rebeldes, fundamentalmente las situadas al interior de Quito, optaron por un repliegue táctico, a la espera del momento oportuno para desatar la guerra de liberación. Carangues y Cayambis, cabezas de la oposición, fueron reuniendo en torno suyo a Quilacos, Quillacincas, Cañaris, Puruaes, Latacungas, Otavalos, Tomavelas, Macas, Tucas, Sicchos y Angasmarcas, conformando una alianza contra los Incas. De allí que algunos estudiosos mencionan la existencia de una gran confederación quiteña (Porras, 1980: 231).

Tropas incaicas que avanzaron por la tierra de los Puruaes la encontraron desolada, pues sus pobladores se habían retirado al norte para plegarse a los Cayambis (Santa Cruz Pachacuti, 1927: 212). Otro tanto hicieron los Cañaris, abandonando las aldeas vecinas a Tumipampa. Por conclusión se sacó que esas naciones se habían apercibido y buscado favores de sus vecinos y parientes, para resistir a quien a buscarlos viniese (Cieza, 1880: 252). La rebelión generalizada tardaría varios años en manifestarse, permitiendo a Huayna Cápac instalarse en Tumipampa sin mayores problemas, erigiendo allí una sede que pretendió semejar a la lejana capital cuzqueña.

Tumipampa era la tierra natal de Huayna Cápac y ésta fue la razón fundamental para que pretendiese edificarla a la par que el Cuzco. Allí se establecería por más de diez años y es lógico que en tan largo tiempo la convirtiese en sede principal. Pero creemos que han sobredimensionado su importancia los estudiosos que la consideran como centro de poder, concluyendo en que la guerra de Huáscar contra Atahuallpa enfrentó a la capital tradicional cuzqueña con la naciente urbe tumipampina. Como hemos analizado en este trabajo, las causas de la guerra fueron otras, sin que esto niegue la posibilidad de que surgiesen recelos en el Cuzco ante el auge de la sede norteña y que en ésta se formase una nueva burocracia numéricamente creciente. Lo cierto es que el Inca fijó Tumipampa como base de operaciones para intentar la expansión más al norte; y la fortaleció como una necesidad estratégica para contener los brotes de rebeldía regional.

No era la primera vez que se proyectaba una sede de ese tipo. Ya Túpac Inca Yupanqui, algunos años antes, librando una prolongada campaña en la costa y soportando tenaz resistencia, ordenó la construcción de una ciudad a semejanza del Cuzco, que posiblemente fue la Incahuasi cercana a Cañete: Y como la porfía durase… abajando con la nobleza del Cuzco edificó otra nueva ciudad, a la cual nombró Cuzco, como a su principal asiento, y cuentan asimismo que mandó que los barrios y collados tuviesen los nombres propios que tenían los del Cuzco (Cieza, 1945: 206). Ese nuevo Cuzco, cuenta el mismo cronista, fue luego arrasado, exterminándose a los defensores de la región, muchos de los cuales murieron ahorcados razón por la cual trocó su nombre original por el de Guarco, en recuerdo de los que colgaron (Cieza, 1880: 227).

Varios cronistas mencionaron que Huayna Cápac quiso hacer de Tumipampa otro Cuzco. No lo negamos, pero sí la creencia de que pretendiera convertir esa sede en nueva capital del imperio. Lo prueba el hecho de que al conocer los afanes sediciosos de los Hurin en el Cuzco decidiese el retorno a la capital para poner orden en el gobierno. Y también el hecho de que Atahuallpa insurgiese no para gobernar en Tumipampa o Quito, sino en el Cuzco, que siempre reconoció como capital del imperio.

Como quiera que fuese, en Tumipampa, tierra fértil de clima benigno, Huayna Cápac edificó una importante sede incaica, con palacios, templos y casas construidos a semejanza de los que había en el Cuzco, poblándola con mitimaes de naciones leales a los que repartió tierras y otros dones. Adviértase que los guerreros marcharon con sus mujeres, dando nacimiento a nuevas familias que se establecieron en Tumipampa, convirtiéndola así en crisol de nacionalidades. Huayna Cápac, quiso que Tumipampa fuese igual a la ciudad del Cuzco en lustre y riquezas, y en orden a esto mandó que se poblase su comarca de todas las naciones que llevaba en su ejército (Cobo, 1956: 209).

En Uno se alzó un importante templo y en Mullo Cancha un magnífico palacio, con piedras que se llevaron desde el Cuzco, dato que parece inverosímil (Cieza, 1880: 247). Y en fin, no quedó cosa en que se pudiesen semejar estos edificios nuevos de Tumipampa con los antiguos del Cuzco, que no la puso y ordenó de la misma manera y en el mismo estilo (Murúa, 1962: 81). Fue, además, una ciudad consagrada en honor de su madre, Mama Ocllo, que allí le diera el ser. Por ello en la plaza principal de Chiqui Pillaca, trazada a semejanza de la Haucaypata del Cuzco, le erigió un monumento de oro purísimo, y en su vientre mandó poner las mismas pares de ella, elevándola a la categoría de diosa con el nombre de Tumipampa Pachamama (Cabello, 1951: 365).

Instalado en esa sede tuvo el Inca noticia puntual y detallada de los sucesos de importancia que acontecían en los diferentes confines del imperio: No había día que no le vinieran correos, no uno ni pocos sino muchos, del Cuzco, del Collao, de Chile y de todo el reino (Cieza, 1880: 248). Destacó desde allí tropas en diversas direcciones, las que sometieron a los núcleos hostiles de los contornos, luchando sobre todo contra los Cañaris. Ello permitió al Inca trasladarse a Quito, donde organizó la expedición a la tierra de los Pastos.

Pero mucho más trascendente fue el establecimiento de mitimaes leales en toda la región, pues éstos lograron imponer en las naciones norteñas los usos y costumbres incaicos, sobre todo en la sierra comprendida entre Cuenca y Quito. Esto podría explicar el por qué pese a las sangrientas guerras y represiones, que se dieron hasta la entronización de Atahuallpa, la región fue notoriamente incaizada.

En las expediciones emprendidas desde Tumipampa, Atahuallpa se hizo guerrero, participando por mandato de su padre en riesgosas campañas. Cuenta Betanzos que no le fue bien en su primera aventura, guerreando contra los Cañaris, pues cedió el campo al enemigo; ello provocó la indignación de Huayna Cápac, que lo obligó a renovar la lucha, enseñándole el camino del triunfo: el Atahuallpa volvió huyendo y sabido por Huayna Cápac que su hijo había llegado huyendo, rompió la vestidura rasgándola por delante, y ciñéndolos y baldonándolos de hombres pusilánimes… los hizo volver y mandó que Atahuallpa fuese delante, y asimismo el Huayna Cápac y la gente que llevaba, arremetieron a los enemigos con tanto ánimo, y como ellos venían desbaratados siguiendo a Atahuallpa, y Huayna Cápac se encontró con ellos viniendo con la pujanza que venía, venciólos y sujetólos (Betanzos, 1987: 199). Fue entonces que el Inca encargó a Rumi Ñahui la formación militar de Atahuallpa, quien guiado por tan inteligente como valentísimo estratega crecería aprovechado, al punto que su padre quiso que fuera a conquistaraquella tierra que ahora llamamos Popayán (Borregán, 1968: 460).

Al cabo, obtuvo el príncipe la simpatía general del ejército: Atahuallpa, noble mancebo, muy entendido y avisado, estuvo bienquisto de todos los soldados y capitanes viejos, porque había salido de la ciudad del Cuzco con su padre de tierna edad, y andando grandes tiempos en su ejército (Cieza, 1945: 215). Junto con Rumi Ñahui lo adiestraron Challco Chima y Apo Quisquis, entre otros grandes capitanes.